La humanidad, a través de los grandes pensadores, ha buscado comprender su origen como ser que interactúa entre tantas otras formas de vida. Por ello, veamos qué nos dicen los conocimientos de algunos grandes pensadores y la Cultura Racional del libro Universo en Desencanto:
Tales de Mileto: «El origen de todas las cosas se hallaba en el elemento agua».
Así nos expone la enseñanza racional:
—¿Quién creó todo?
—El agua, la energía eléctrica y magnética transformada en líquido, que es el semen; y ese líquido se transformó en este conjunto de máquinas de materia, en este cuerpo material.
—Quien lo hizo fue el agua, y el agua es la madre natural de todo.
—Agua por encima de la Tierra, agua por debajo de la Tierra, y agua en el espacio, agua en los astros: el agua que está sobre los astros, en el espacio, en ese inmenso vacío.
Para que vean que la Tierra es un acuario.
—Y por eso el agua está en todas partes:
Bajo el suelo, impregnada en él, sobre el suelo y muy por encima de él.
Agua de arriba y agua del suelo.
Hay agua en el suelo, hay agua bajo el suelo y hay agua arriba, en los astros, en el espacio.
—El agua es la fuente prometedora de la vida; por eso nada puede producirse sin agua.
De ahí sabemos, en los estudios racionales, que la Naturaleza ya ha puesto en el ser humano el AGUA como origen de este campo material.
Pero continuemos:
Heráclito nos dice que todo fluye; por ello:
«Todo proviene del Uno, y el Uno proviene del Todo».
«Todo fluye» y «Nada es permanente, salvo el cambio».
En efecto, podemos comprobar que existe la Unidad para que el Todo se forme.
Así se expresa en la enseñanza racional:
—Antes de ser raciocinio, ¿qué era?
—Habitante del MUNDO RACIONAL: puro, limpio y perfecto, con su progreso de pureza.
—Antes de ser ser racional, ¿qué era?
—Energía eléctrica y magnética.
—Antes de ser sol, ¿qué era?
—Las virtudes que los seres racionales iban perdiendo.
—Antes de ser luna, ¿qué era?
—La esencia del agua y de la tierra.
—Antes de ser estrella, ¿qué era?
—La esencia del agua y una parte de la tierra.
—Antes de ser planetas, ¿qué era?
—La esencia de toda esa transformación y deformación: las virtudes que el agua y la tierra, al transformarse y deformarse, fueron perdiendo.
Y dio origen a la Luna, a las estrellas y a los planetas.
Las virtudes de la tierra y del agua se transformaron en la Luna.
Las virtudes del agua y parte de la tierra se transformaron en las estrellas.
Y las virtudes de todo este conjunto se transformaron en los planetas.
La mecánica celeste tuvo su origen en las virtudes perdidas del agua y la tierra, a medida que se iban deformando y descendiendo.
Por tanto, las virtudes son vidas, vidas que provienen del UNO, anteriores a la formación del ser.
A su vez, Anaxágoras planteó que el no-ser no puede existir y que la sustancia del ser es inmutable. Así, Anaxágoras afirmó:
«Nacer y morir no son sucesos reales».
En este entendimiento, nacer o morir forman parte de las transformaciones de la naturaleza, pues cuanto existe «se descompone y se compone nuevamente».
De este modo, todo lo que muere se descompone, y todo lo que nace se construye siguiendo ese mismo orden.
Así lo vemos en los estudios racionales:
«De esa masa líquida y viscosa surge una masa compacta de agua. Ese líquido, el semen, tiene un origen cosmológico por provenir del Origen Racional; en toda esta apariencia exterior reside la Esencia Racional, que forma la masa cosmológica material.
Es cosmológica porque el cuerpo de Energía Racional constituye la espiral creadora de los virus y microbios, hasta formar el microbio racional o los virus racionales.
Y esos virus —parte de la acción cósmica que es el cuerpo de Energía Racional— actúan como semillas generadoras y creadoras, siguiendo su curso de transformarse en otras formas, en la deformación de la materia y del cuerpo eléctrico y magnético».
Por ello: «Si los seres vivientes supieran desde hace mucho tiempo lo que son, ya no serían como son. Ahora es cuando empiezan a comprender, para dejar de ser así, mediante la Inmunización Racional».
Bienvenidos al conocimiento de UNIVERSO EN DESENCANTO.
(Ángela María)





